Una primera revisión a tiempo nos permite acompañar el crecimiento de sus huesos y dientes, y en muchos casos hacer más sencillo el tratamiento.
Lo ideal es alrededor de los 7 años. A esa edad ya salieron los primeros dientes permanentes y podemos ver cómo van creciendo el maxilar y la mandíbula.
Si notas alguna de estas señales, una revisión te saca de dudas.
Si el hábito sigue después de los 3 años, puede cambiar la forma de los maxilares y abrir la mordida.
Evita sonreír en fotos o se cubre al reír. Muchas veces es por pena de cómo se ven sus dientes.
Boca abierta o labios separados casi todo el tiempo. Puede influir en cómo crece la cara y se acomodan los dientes.
Dientes permanentes que salen torcidos o detrás de los de leche. A veces conviene guiar su salida.
Cuando los dientes de abajo quedan por delante de los de arriba, conviene revisarlo pronto mientras sigue creciendo.
Dientes de arriba que cubren casi todo a los de abajo, o dientes que no se tocan al cerrar. Dificulta morder y masticar.
Los tiempos cambian en cada niño. Esta es la ruta más común.
Cuando el maxilar es estrecho o la mordida está desajustada, podemos usar aparatos que guían el crecimiento. Así, en muchos casos, se crea espacio para los dientes permanentes y el tratamiento posterior puede ser más sencillo. Solo se indica cuando tu hijo(a) lo necesita.
Si hay una mordida o un maxilar que corregir, usamos aparatos para acompañar el crecimiento de los huesos.
Revisamos de cerca cómo van saliendo los dientes permanentes y cómo crece la cara.
Con los dientes permanentes ya en boca, usamos brackets para alinear y dejar una mordida estable.
Llena el formulario y te enviamos por WhatsApp la orden de estudios. Cuando los compartas, te damos el diagnóstico y las opciones para tu hijo(a).
Agenda su primera revisión →¿Tu hijo(a) ya tiene 12 años o más? Conoce la ortodoncia para adolescentes.