Terminar tu tratamiento es un gran logro. El retenedor es lo que mantiene tus dientes donde los dejamos.
Tus dientes no están pegados al hueso: los sostiene el ligamento periodontal, un tejido elástico que funciona como un pequeño amortiguador.
Cuando movemos los dientes, ese ligamento y el hueso a su alrededor se reacomodan, y necesitan tiempo para estabilizarse y fijarse en la nueva posición. Mientras eso sucede, los dientes tienden a regresar a donde estaban. A eso le llamamos “memoria”.
El retenedor los sostiene durante ese proceso. Usarlo como te indiquemos es la mejor manera de cuidar tu tratamiento.
Cada tipo tiene sus ventajas. En tu cita te recomendamos el más adecuado para tu caso.
Se queda pegado detrás de los dientes de enfrente. No tienes que acordarte de ponértelo y casi no se nota.
Una funda transparente que cubre tus dientes. Es cómoda y discreta. Se usa según la indicación, normalmente por la noche.
Acrílico con un arco de metal al frente. Es muy resistente y permite hacer pequeños ajustes.
Cuando no lo traigas puesto, guárdalo en su estuche. Nunca lo envuelvas en una servilleta: así se tiran por error.
No lo laves con agua hirviendo ni lo dejes en el coche al sol. El calor deforma el plástico.
A los perros les atrae el olor. Déjalo siempre fuera de su alcance.
Lávalo a diario con agua fría o tibia, jabón neutro y un cepillo suave. La pasta dental puede rayarlo.
Pasa más seguido de lo que crees. Escríbenos y te decimos cómo reponerlo. Mientras antes lo hagas, mejor: así los dientes no se mueven.
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